“Se supone que tendría que estar muerto” -Víctor Bullizio

 

Estaba en un comedor social hablando con unos abuelos que no paraban de contar chistes malísimos. De repente llegó este chulazo con un amigo. Eran los dos de calle, de drogas y mala vida. Habían vivido y sabía que tenían una cruda historia a las espaldas. Me puse a hablar con ellos. “Si te fías de mí te llevo en la moto y te cuento mi historia”, me dijo Victor; y yo, que me fío de todo kiski, ahí estaba de repente, en una puta Harley a toda velocidad, atravesando de punta a punta Barcelona con un macarra de cuidado. Pero a salvo. “Se supone que tendría que estar muerto”, me dijo inclinando la cabeza en un semáforo, “pero aquí estoy como un perro”, y pisó el acelerador de nuevo. Me llevó a uno de sus sitios preferidos desde donde se veían las fuentes de Montjuic. Y confiando en mi intuición supe que podía aceptar la invitación de enseñarme su mundo. Fuimos a su barrio, allí la gente le conocía como “Bullizio” y le querían. “Mira la cicatriz de mi cabeza, me dijeron que me iba a quedar parapléjico toda la vida después del accidente, 99% confirmado, nadie daba un duro por mí, y mira esto: empecé a boxear y al año ya estaba otra vez subido en la moto, soy extremo y duro, niña, como mi grupo preferido, pero también un osito de peluche que te cagas”. Y se puso a cantar canciones mientras yo miraba los pósters de su cuarto. Hay que joderse, y yo quejándome por tonterías de mierda, pensé. Bullizio es hasta día de hoy una de las personas más auténticas que he conocido. Tendríais que haberlo visto saludando a la gente, medio cojo y feliz, sin un ápice de esa vergüenza que destruye la alegría. Él sonríe, defiende lo suyo, vive en su mundo y el resto se la pela. Y después de todo lo que pasó, yo a eso le llamo ejemplo.

 

 

 

 

 

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