autodestrucción

marzo, 2018

Me he apuntado a una escuela de artes marciales. Hace un tiempo estaba autodestruyéndome un poquito. Siento que nunca dejaré de ser una niñata que sufre en manos de una anciana que qué le calma y le guía. Es la historia de mi vida, permitirme ser feliz o no permitírmelo. Generar caos o permanecer en la templanza. Resolverle la vida a otros y nunca a mí misma. El otro día leí que el eterno retorno de Nietzsche era una estafa, que no morimos de repetir el círculo sino de desear que se repitan otra vez los momentos en los que fuimos felices. Sé que la vida es maravillosa, es solo que a veces me cuesta aceptarlo, porque -¿veis?-, también pienso que somos plástico, marionetas inútiles que no se miran a los ojos, la mayor catástrofe mundial. Y evadir esto último me hace sentir emocionalmente plana y ajena a la vida. Pero en fin, parece que al menos ha vuelto la calma.

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